Las emociones, nuestro día a día en el taller.

A los talleres siempre se nos recuerda, por lo menos en el primer contacto, con algo negativo. En parte es razonable cuando alguien acude a nosotros es por que tiene un problema. Pero un taller son muchas más cosas. Entre ellas un grupo de personas que están para servir a los demás. Dichas personas generan tal amalgama de emociones al cabo del día, qué sería digno de un estudio. Pienso que si supiésemos trasmitir esas emociones a nuestros usuarios, muchos de ellos cambiarían su visión.
Lunes 7 de la mañana, el arranque siempre es difícil, poco a poco nos vamos despejando. Salimos a la arena y comentamos el fin de semana con los compañeros, a cada uno lo ves de una manera, te trasmite algo diferente. Contento si su equipo a ganado, concentrado en su posterior trabajo, preocupado si ha tenido algún problema. Llegan las 12 a todo está en plena ebullición. Encontramos interés, atención, si te aceptan un presupuesto, satisfacción o en caso contrario decepción. Pero he de confesaros una cosa lo que se siente cuando le das la mano a un cliente y a través de esta y sus gestos te trasmite que se va satisfecho, eso no tiene precio. Por el cuerpo desde lo pies hacia arriba, te sube una especie de cosquilleo que te confirma un trabajo bien hecho. Luego a solas te sientas en tu silla, frente al ordenador y dices, “por esto me levanto todos los días”.

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Joaquín

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